El año de la rata, el invierno y los tesoros.
Febrero del 2008, Impresiones de un viaje a Japón.
Un hermoso invierno japonés iniciaba su repliegue, una primavera latente se revelaba entre los pequeños esbozos de nieve
que se derretían por el calor del sol en las calles de Noda.
Tuve la suerte de poder acompañar a mi maestro, El shihan Pedro Fleitas, en su visita de inicio del año a su maestro,
El Soke Masaaki Hatsumi.
Fuimos un grupo de más o menos 35 personas de habla hispana (y un alemán que ya casi lo es), a entrenar, escuchar y
observar las perspectivas que se esbozan para el tema del año.
Visitamos adicionalmente la región de Nikko, la cascada de Kegon, los templos te Rinnoji y Futara San, todos ellos
cubiertos por la nieve, adicionalmente visitamos el templo de Sensoji en Asakusa.
Las clases comenzaron a suceder la una a la otra, dejando siempre el mensaje de ser capaz de desaparecer, movimientos
muy suaves y disimulados se caracterizaron en cada una de la técnicas, muchos de ellos, simples y sutiles, pasaron
desapercibidos por mis ojos.
El uso de shuko, soko y metsubushi fue un sentimiento prevalente durante el entrenamiento, siempre había algo
escondido, un shuriken, uñas metálicas afiladas, un anillo que escondía algún tipo de aguja, bastones con hojas metálicas
y cadenas ocultas, el entrenamiento fue siempre muy sorpresivo y atemorizante. El concepto de Asobi (juego) siguió presente,
un juego sutil como el de un gato con un ratón, el Soke recalcó que incluso un ratón si se encuentra en una situación desesperada
atacará al gato, e intentará morderlo, de ahí la importancia de poder controlar al oponente sin dañarlo, incluso cuando se
usan shuko o cualquier clase de implemento.
“Es como caminar en un callejón oscuro y vacío, no ves nada, pero sientes el peligro”
Shihan Pedro Fleitas, Febrero del 2008
Hatsumi Sensei recalcó la importancia de ser transparente, de dejarse cambiar por el color que nos tocase, como
un recipiente con agua al que le agregas colorante, cambiando de color en el momento en que este es tocado.
Las 9 escuelas, decía el Soke, son como láminas transparentes que al ponerlas una sobre otra nos dejaban ver al
final de ellas el satori (iluminación) con la imagen compuesta que forman. Habló que el objetivo del ninja es volverse
una persona maravillosa, y que su herramienta básica es el amor y aunque el amor a veces nos puede ahogar, es por eso
que el ninja desarrolló técnicas para caminar sobre el agua.
El ninja debe moverse en los mundos del Mu y del Ku, (la nada y el vacío), para así escapar del U, es decir el sufrimiento.
Afirmó que el ninja debe en su corazón hacer la promesa de no entrar en conflicto, de evitar la violencia.
Escribiendo el Ninpo Ikkan con el kanji de tesoro, está la luz al final del camino, el tesoro de la perseverancia.
Tuvimos la suerte de poder asistir a una clase del Shihan Pedro Fleitas, quién con su maravilloso movimiento pudo traducir aquel
universo fantástico, del cual sólo vemos destellos, en el que el Soke se mueve. La clase contó con más de 50 participantes de
varios países del mundo y fue muy enriquecedora, al final de la clase cada uno de los shihanes asistentes compartió su experiencia
sobre el tema del año y las clases del Soke.
“Y ahí termina tu hermoso movimiento”
Hatsumi Sensei al Shihan Pedro Fleitas, al estar realizándole a éste una técnica.
Hatsumi Sensei recalcó la importancia de tener un instructor, ya que sin éste uno puede en vez de mejorar, empeorar.
Dijo que el sólo enseñaba a nivel de 15 Dan, y que debíamos todos buscar buenos instructores alrededor del mundo.
Realmente me siento muy afortunado de tener el maestro que tengo, gracias a todos por las maravillosas experiencias vividas
y sobre todo al Shihan Pedro Fleitas por permitírnoslas vivir a su lado. Estando allí ves cual es tu linaje, de donde vienes hacia
donde vas, ves cual es el norte, al ver los momentos en que tu maestro comparte con el suyo aprendes de la relación que posees,
entiendes el vínculo y este cobra un significado más fuerte, claro e indeleble.
Gracias Pedro.
En una noche sin sueño en Bogotá, con Shoto Kufuku. J
David Palau
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